Con el silencio cómplice de la luna (I)

4 marzo, 2010 § 1 comentario

 

 

 

Per amica silentia lunae.

(Virgilio, La Eneida)

En el fondo de mi alma

su rostro pálido y equívoco tiembla

como tiembla el pálido y mortal rostro

de la luna en el fondo del estanque.

Amor 00

…Y él la tomó para besarla, pero ella lo esquivó. Él se puso muy mal y se le llenaron los ojos de lágrimas. Se acercó para abrazarla —imperiosamente lo necesitaba, tan solo se sentía—, mas ella nuevamente se alejó para evitarlo. Y entonces él ya rompió en gran llanto desesperado, y salió nerviosamente, dejándola. Tal vez ella tuviera un poco de piedad —pensó él. Pero no, ella no lo siguió.

5/2/2000[1]

 

 

 

No podía dormir

porque tu voz seguía sonando en mi corazón,

y tu mirada seguía atravesando mi sueño.

 

La música es bella.

Bellos son tus labios,

como la música.

 

La luna es mística.

Místico es tu rostro,

como la luna.

 

El sol es de fuego.

De fuego son tus ojos,

como el sol.

 

Los niños son alegres.

Y alegre! es tu sonrisa

como los niños.

 

El mar es profundo.

Profunda es tu mirada,

e igualmente insondable

es tu mente,

como el mar.

*


Me senté entre el sol y la luna.

El sol de frente, la luna detrás.

No sé en serio qué es,

qué es y qué sé.

 

¿Será lo que empezó? ¿Qué empezó?

¿Será lo que soñé? ¿Qué soñé?

Al abrir los ojos no lo recordé.

Al abrir mis ojos no lo vi.

 

Al abrir sus ojos…

¿vi el sol, con sus largos rayos,

¡sus pestañas!?,

¿o vi la luna, redonda, pálida, y misteriosa?

19/4/2001,

en un restaurante en Echeverría al 2900, Belgrano.

*

Otoño

¡Qué bellos días éstos

en que veo los caminos

con tapiz de hojas secas!

 

Hojas aún amarillas,

haciendo juego con las copas

de los árboles, que flaquean,

 

dejando entre el ramaje

pasar los hilos de sol

que caen sobre el camino.

 

Así las hojas brillan,

y mi camino iluminan.

Yo lo ando.

 

Inspiro profundo otoño;

y al final de ese camino

a vos te encuentro.

28/5/2001

*


Ese mañana

 

I

Mi soledad

está muy lejos de tu compañía.

Una melodía la escolta,

y tus oídos no la pueden oír.

 

Escribí estas líneas recién,

esperando no tener que seguirlas mañana.

¿Cuándo será mañana,

si aún sigo escribiendo?

¿Cuándo esa mañana

que el corazón consuelo encuentre?

 

Sé que mañana

resignado seguiré,

si mis palabras no se agotan.

Las lágrimas ya lo hicieron.

 

II

Era la noche

y las cosas me parecían raras.

La vigilia es mortecina.

Me esperará mañana.

 

Baja Corrientes.

Veo los lugares de siempre:

Politeama, Güerrín, las librerías.

Rodeo el Obelisco.

 

La busca de la felicidad.

 

Estoy en Cerrito;

no tengo la compañía.

La vigilia es mortal,

me esperará a la mañana.

*

Paraíso perdido

Sonó la hora de la nostalgia.

Veo las fotos den mi cabeza,

y me agradan sí.

Pero siento un desgarro.

Qué tonto fui

al despreciar el paraíso.

*

 

Múltiples imágenes,

luces ensombrecidas

y un color.

Color tango,

violeta.

No sé si provenía de ella,

o era la noche,

llena de múltiples imágenes.

Ahora, bebiendo de mi jarro Mozart,

recuerdo,

caminando por Villa Crespo

y la tiniebla,

luces ensombrecidas.

 

Después me acordé

que hay que comprar yilé.

*

 

Y tenían dos agujeros —dos insondables abismos—

en lugar de ojos.

Nostalgia,

melancolía cíclica;

ella vuelve

año tras año.

Sueño

aún…

sin la madurez

del sur,

que vio inundado

de nostalgia y oscuridad.

*

Acaso vos, Cynthia, hayas sido

aquella Diana media luna,

mientras yo miraba el plenilunio.

 

Per amica silentia lunae.

 

Ahora quizá seas la loba

que al Dante impedía salir

de aquella selva oscura.

*


Multitud separada,

como picadas semicorcheas.

Soberbias nenas,

muchachas satisfechas.

Ligado a la blanca

luna silenciosa.

Hoy te extraño.

 

El silencio cómplice

de las calles del bajo.

Hieráticas figuras,

cemento gris, negro…

Hoy te extraño.

¿Serás amiga,

luna?

 

Negro poeta,

muchacho insatisfecho,

largas soledades,

breves compañías.

¡Hoy te extraño,

Marianela!

 

Un romancero leve

el poeta canta

solo, del Sur, pero

¿relax?

Seis meses extraños

¿y será la luna Clara?

Hoy…

*


 

Mar del Plata, 11/2/2005

Tiempo rasposo,

sí, hace un tiempo rasposo,

y es un tiempo rasposo hasta los huesos.

                                                            Pasa rápido

y sangra,

cuando el tiempo te arrastra.

 

Y en el rastrillaje

asoman los huesos heridos,

manchados, rosados.

La médula se convulsiona. ¡No perder equilibrio!

No caer,

                              porque raspa

y lastima la caída.

 

Es preciso retomar

el tiempo, aunque esté perdido

y todo raspado,

ya todo ha sido raspado. No todo.

Aún sale esperanza,

aunque el tiempo sea malo.

Bs. As., 16/2/2005

*

Verano tórrido,

pero en mí tengo frío.

Confusión.

que no debemos seguir,

que no es bueno para vos —ni para mí—

que me ames. Es

que no…

No sé.

Una noche me conquistaste.

No lo sé.

Luego volvió el frío.

Hechizado círculo

nauseabundo

de hedor de soledad.

 


Vivo hechizado en el círculo de la indiferencia. El amor

aparece por milagro.

(Robert Bresson)

Vida virtuosa ésta,

abundante en nostalgias.

Blanca por penas;

de tormento, negra.

El mediocre poeta del sur,

de roja pasión inefable

trae su inenarrable poesía gris

y se queda azul.

¿Por qué,

si es una vida virtuosa?

“A wonderful, wonderful life”&

 

Frío azul

de este otoño raro,

cálido en su aire;

en su espíritu, frío, y en mi corazón.

 

Mira el poeta a los enamorados.

Los añora. Nostalgia de algo que pensó

iba a ser más común.

No sabía

que el amor es mágico.

Milagro luminoso

para él,

negro poeta del sur.


[1]   El título parafrasea Amor 77 de Julio Cortázar ( en Un tal Lucas).

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