Con el silencio cómplice de la luna (II)

4 marzo, 2010 § Deja un comentario

Te compongo. ¿Música?

Te escribo. ¿Y?

Te quedás con la boca abierta.

¿Te quedás?

¿Conmigo te quedás? Porque…

Igual voy a seguir

escribiéndote,

componiéndote,

Belleza.

 

20/5/5, 1:30


 

No,

ya no tiene más la generosidad

la luna de salir

en esta ciudad

con sus edificios crecidos y multiplicados

patéticamente

y caóticamente.

Y si se la logra hallar,

se la ve enfermiza, bichada,

picada, amarilla.

Molesta de salir por inercia

de la rueda temporal.

Resentida y dolida, humillada,

¡no le dan bola!

 

Los mediocres y ciegos argentinos

no la ven.

La ven abrumada, desaparecida.

Y ella ya se va,

¡ya se va!

Ellos

muy ocupados están

con sus mediocres quehaceres

de su Vida.

*

Las niñas palpitan.

Palpitan en mi ser,

y en mi corazón.

Se prenden del cuello

de mi pasión,

de mi poesía.

 

Las veo pasar,

seguir impertérritas.

Es algo de mí.

¿De afuera o de adentro?

 

Mi mirada terrible

de umbrío, de solo,

de estulto…

 

Soy invisible.

Buceo en la nube de las miradas,

sin tiempo, sin timing.

Palpito, pero no me ven.

Y me ahogo sin manotear.

 

No se puede decir que sufro.

Sólo lato

blandamente,

en soledad

ardua,

fría.

*

Inefable

 

Ayer mi pasión encendiste,

muñeca que me perdés

y me llevás al abismo

ensombrecido de la melancolía

y el desvelo enternecedor.

Que me hacés escribir

en el medio de la noche

estos versos de fuego,

atonales, bellos,

me recuerdan a vos.

Esclareceme, muñeca,

única flor de esta selva umbría.

Como el Dante, caí

aquí,

por tu culpa.

                                               15/07/05, 02:55

*

                                          Caro

Caro cuore,

¡qué simpática sonrisa

me diste sensual

esa noche en que casi

abriste tus alas de mariposa!

Y en vuelo de manteca surcabas

aires nuevos dulces.

Ojalá otra vez me visites, mariposa,

y me muestres aquella sonrisa

cómplice que de vos salió

cuando mis labios probaste.

*

Carolina:

Colombina

de este Pierrot,

vos sos mi Gala,

la musa inspiradora

que late en lo profundo

de los dulces sueños,

aquellos sueños de primavera,

espíritus que flotan

sobre los verdes prados

e incitan a volar

a mundos intangibles

pero ciertos,

porque están en el corazón.

*

La campana repicó.

¡Gala!

¿Puede alguien decirme?

Pájaros en las cúspides

de la gris pradera de aires

con bruma pálida.

En ese campo ahumado,

la chica inexistente,

pero yo soy invisible,

que quiero, ahí está, hay

ella,

sólo.

 

Y yo tras la lejanía,

bajo el cielo,

bajo la tierra, oscura, nocturna,

rodeado de espectros

pálidos. Y no veo más…

¡Gala!

No veo más que a vos.

 

En mi ensueño,

o delirio,

te alucino en cada mujer

de espaldas de integridad.

*

Galatea, yo te aguardo

y te aguardo,

ángel mío.

Mi suplicio,

mi esperanza.

 

Galatea, morir de amor.

Ir

deambulando,

burlado, soñando.

[…]

 

No prueba nada contra el amor

 que la amada no haya existido jamás.

(Antonio Machado)

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