Mi rebeldía

22 marzo, 2010 § Deja un comentario

Quizá una diferencia que tengo con los nacidos y criados en la Iglesia[1] que –de momento- ya no concurren, es que mi acto de rebeldía –allá por la adolescencia- fue concurrir a la Iglesia, es decir ir a una iglesia.[2] Y eso fue lo nuevo, lo que pude cambiar de mi vida.

Yo me rebelé contra esta sociedad fría de sentimientos, indiferente a la profundidad del corazón –porque le tiene miedo a esas profundidades-; me rebelé al consumismo y materialismo de esta sociedad tinelizada, egoísta y de ambiciones cortas, temporales.

Me rebelé al tiempo.

Porque mi alma busca infinito ∞

y aire de espíritu eterno.

Y mi alma respiró.

Y delante mío tengo el espíritu que ES. El que verdaderamente es, el que tiene existencia, el Absoluto, el único realmente independiente, la totalidad, el Principio y el Fin: Dios (o llamale como quieras –en definitiva no es un hombre, un viejo de barbas, sino espíritu que habita en luz inaccesible[3]).

Y me habla a mí, y me llena el alma y el corazón hasta saltarme las lágrimas.


[1] Cf. apóstol mayor Leber: Nª Flia. enero 2008, p. 18.

[2] O ir a otra iglesia que no ÍCARO.

[3] Juan, IV,24; I Timoteo, VI,16.

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