pequeña prosa

10 agosto, 2010 § Deja un comentario

Y el gañotazo se disparó. Dio de lleno en el escaparate e hizo trizas la vidriera. Los rosados maniquíes, extrañamente vestidos con los jirones del momento, fueron acribillados con toda transparencia y brillo.

Me fascina la intrascendencia de este suceso, fantasmal como tantos otros, como la vestimenta, menos veraz que los cuerpos, menos poderosos que los espíritus, menos bellos que el alma.

Ah,

la belleza del escaparate fue arruinada. Queda ante los ojos la deplorable imagen de los muñecos caídos dejando solas las guirnaldas que cuelgan del techo. Atrás las chicas corriendo aturdidas, boquiabiertas, alguna recogiendo no sé qué retazo de moda.

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