Hemingway: Adiós a las armas

29 abril, 2014 § Deja un comentario

Al empezar el invierno, llegó la lluvia persistente, y la lluvia trajo el cólera. Finalmente fue contenido y, a fin de cuentas, sólo ocasionó siete mil muertos en el ejército.

*

Había hospitales y cafés, artillería en las calles apartadas, y dos prostíbulos: uno para la tropa y otro para los oficiales.

*

[…] yo me había propuesto ir a los Abruzos. No había ido a ninguno de esos lugares […] donde los campesinos saludan levantando el sombrero y nos llaman señor […] En vez de estos lugares, yo solamente conocía el humo de los cafés, las noches, en la cama, borracho, con la creencia de que no existe nada más que aquello, y la extraña sensación que produce el despertarse y no saber quién está a nuestro lado…

*

Dijo que todos estábamos acabados, pero que… todos felices mientras no nos enteremos. Añadió que estábamos todos bien jodidos. La cuestión era no admitirlo. El último país en darse cuenta ganaría la guerra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Hemingway: Adiós a las armas en pablofernando.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: